La Voz del Pastor

Reflexión del Evangelio dominical
Por el señor Cardenal Rubén Salazar Gómez

Una nueva parábola en este domingo, las parábolas son unos medios didácticos muy importantes, que utilizó el Señor para hacernos comprender la realidad de su amor. Escuchamos con atención.

Evangelio según San Mateo

En Jerusalén volvió a hablar Jesús en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo y les dijo: “Con el reinado de Dios sucede lo que sucedió cuando un rey hizo un banquete para celebrar la boda de su hijo. Mandó a sus criados a llamar a los invitados, pero los invitados no quisieron ir. Volvió a mandar a otros criados con el encargo de decir a los invitados: “Ya tengo preparada la comida; he mandado matar novillos y reses cebadas: todo está listo. Vengan al banquete”. Pero ellos no le hicieron caso. Uno se fue a su finca en el campo y otro a sus negocios. Los demás agarraron a los criados nos maltrataron y los mataron. El rey se enfureció y mandó su ejército acabar con aquellos asesinos y ha incendiarles la ciudad. Luego dijo a sus criados: “El banquete está listo, pero los invitados no se lo merecían. Vayan pues, a las afueras he inviten al banquete a todos los que encuentren en los caminos”. Los creados salieron a los caminos y recogieron a todos los que encontraron, malos y buenos. Y la sala del banquete se llenó de comensales.

Palabra del Señor.

El banquete, es una imagen que se ha utilizado desde siempre en los profetas en el Antiguo Testamento, en muchos libros por ejemplo: libros sapienciales para indicar la salvación que el Señor nos ofrece. El Señor hace siempre una gran cena a la cual nos invita, porque el comer juntos, ustedes saben muy bien que es un signo muy claro de fraternidad, de comunión y de amor. El Señor nos invita a participar de su vida y esto se simboliza con la imagen de la cena. Pero, esa cena de hoy en la parábola, tiene un sentido especial, es la cena que el Señor prepara para las bodas de su hijo. Es decir, es la cena de la Iglesia, que celebra el amor misericordioso de Dios manifestado en Cristo nuestro Señor muerto y resucitado por nosotros.

Pero, ¿qué nos dice esta parábola? Nos dice que los primeros invitados, no quisieron aceptar la invitación, tuvieron muchas disculpas, muchas disculpas y si uno empieza a leer las disculpas se da cuenta de que pueden ser disculpas, perfectamente legítimas, si alguien va a comprar una finca debe ir a ver la finca, en lugar de ponerse a participar en un banquete de bodas.

Pero la realidad, es que el Señor nos invita a todos y generalmente tenemos muchas disculpas para no aceptar su invitación, y el número de disculpas va creciendo en este mundo de hoy, porque cada vez más hay cosas que nos entretienen, que nos preocupan, que nos ocupan y por lo tanto, cada vez más tenemos menos tiempo, para poder pensar en cuál es el verdadero sentido de nuestra existencia. Y por lo tanto, la respuesta fundamental que nosotros tenemos que dar, es responder a el amor misericordioso de Dios.

En la parábola, no solamente encontramos el hecho de que los invitados hayan rechazado la invitación, sino también qué entonces el Señor dice: “salgan a invitar a otra gente”. A otra gente: a cojos, ciegos y sordos, esto una vez más, subraya como la invitación que el Señor hace es una invitación abierta, es una invitación a participar en la salvación que nos da por medio de Cristo nuestro Señor. Que no es una invitación exclusiva para un grupo, para una pequeña élite. No, es abierta absolutamente a todos y con esas expresiones: ciegos cojos, mudos, la gente que está en la calle, se que quiere indicar que indudablemente el Señor quiere que nosotros todos participemos todos estamos llamados, todos no importa nuestra condición, no importa el género de vida, no importan las condiciones concretas en las cuales nosotros podamos desarrollar nuestra existencia, todos estamos llamados a aceptar la invitación que el Señor nos ofrece.

Dios quiera que verdaderamente nosotros comprendemos esto y que podamos ser capaces de responder al Señor; donde estemos en las circunstancias en que vivamos, allí en las angustias, problemas y dificultades que tengamos en lo que constituye nuestra existencia, que siempre tomemos conciencia de que el amor de Dios es infinito, que nos invita, que nos quiere acoger, que quiere rodearnos con sus brazos, que quiere es llenarnos de su misericordia, que quiere otorgarnos su amor y su paz. Aceptemos esa invitación que el Señor nos hace y acojamos la con todo el corazón.

La bendición de Dios Todopoderoso; Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Amén.