La Voz del Pastor

Reflexión del Evangelio dominical
Por el señor Cardenal Rubén Salazar Gómez

Ayer comenzó novena de navidad, y la novena ya nos pone en esa tónica inmediata de la celebración de la fiesta; pero sigue el ritmo del adviento. Y por eso la palabra hoy en la Eucaristía del domingo, es una palabra que nos invita a vivir estos días como una verdadera expectativa de la venida del Señor, escuchemos.


Evangelio según San Juan

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz sino el que daba testimonio de la luz. Y este es el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a que le preguntaran: ¿Tú quién eres? El confesó y no negó, confesó: “Yo no soy el Mesías”. Le preguntaron: “¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías? Él dijo: “No lo soy”. ¿Eres tú el profeta?, respondió “No”, y le dijeron: ¿Quién eres, para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dice de ti mismo? Él contestó: “Yo soy la voz que grita en el desierto: “Allanen el camino del Señor”, como dijo el profeta Isaías. Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: “Entonces, ¿por qué bautizan si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?” Juan les respondió: “Yo bautizó con agua: en medio de ustedes hay uno que no conocen, el que viene detrás de mí y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia”. Y esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán donde Juan estaba bautizando.

Palabra del Señor.

Juan Bautista que descubre al Señor, Él que invita a allanar el camino del Señor; ¿Qué significa allanar el camino? Es una imagen para lo que podríamos nosotros llamar la preparación de nuestro corazón, para poder recibir adecuadamente el nacimiento de Cristo nuestro Señor. ¿Cómo nos preparamos? ¿Cómo hacemos que nuestro corazón esté verdaderamente atento y pueda recibir esa llegada del Señor?

En primer lugar por la oración, la oración es clave en la vida del cristiano, tenemos que orar pero no solamente orar repitiendo ciertas oraciones que hemos aprendido; sino sobre todo, orar espontáneamente en un diálogo con el Señor. El Señor regala de una manera especialísima los domingos su palabra, pero Él nos la está regalando permanentemente, Él nos está hablando, tenemos que oír esa palabra y responder; eso es orar, qué bueno que a lo largo del día por ejemplo: en el trabajo, en la vida de familia, etc. nosotros levantamos el corazón al Señor y dialogamos rápidamente con Él, haciendo que todas las cosas de nuestra existencia se vayan llenando de la conciencia de la presencia del Señor en nuestra vida y en el mundo en que vivimos la oración.

Pero también hay que tener cuidado con cómo estamos viviendo, muchas veces en la vida nos dejamos aturdir por la búsqueda del placer, por el egoísmo, por la búsqueda del dinero, por los rencores, por los odios, por las venganzas y permitimos que nuestra vida se llene de tantas cosas que impiden verdaderamente el descubrir a Dios presente en mi vida y en la vida de los demás; entonces tenemos que hacer un esfuerzo grande por ir limpiando nuestro corazón y la oración nos ayuda a limpiarlo porque en la oración vamos descubriendo cómo tenemos todas estas cosas; que de alguna manera, nos impide estar en una relación plena y correcta con el Señor que nos ama.

Hagamos un esfuerzo de examen de conciencia; un examen de conciencia tranquilo que no se trata de que nos llenemos de culpas y de mucho menos de un complejo de culpabilidad. Se trata sencillamente, que descubramos de que no siempre somos lo suficientemente generosos, no siempre somos lo suficientemente amables con los demás, que nos dejamos esclavizar por tantas cosas en nuestra vida, por los vicios, por las tendencias, por las pasiones a las cuales le abrimos la puerta totalmente; y entonces indudablemente, vivimos una vida atropellada, difícil a veces oscura, llena de angustias, de remordimientos. No, el Señor viene precisamente a curarnos para sanarnos.

Juan dice que: “Él está anunciando a alguien que viene con la plenitud del Espíritu Santo, a bautizarlos con el Espíritu”. Es decir, a darnos la plenitud de la vida misma de Dios; para que nosotros podamos ya tener una vida nueva, una vida sana, una vida provechosa, una vida fecunda, una vida en la cual de alguna manera pero siempre todos los días, descubramos que es hermoso vivir porque estamos dando todo lo que tenemos en nuestro corazón; estamos amando al Señor, estamos llamando a los demás. Que la novena de navidad que estamos empezando, nos ayude a preparar nuestros corazones para la venida del Señor.

La bendición de Dios Todopoderoso; Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Amén.